Para garantizar una conservación óptima del vino, es fundamental protegerlo de la exposición a la luz.
La luz, tanto solar como artificial, puede desencadenar reacciones químicas en los compuestos fenólicos del vino, alterando su sabor y aroma. Los vinos blancos ligeros son particularmente sensibles a esta exposición. Por este motivo, a menudo se embotellan en vidrios de colores que ofrecen cierta protección. Sin embargo, las botellas transparentes o de colores claros, como el verde claro o azul, son más vulnerables y requieren precauciones adicionales durante la conservación. Se recomienda almacenar las botellas en cajas de cartón o cajas de madera para protegerlas de la luz directa.
En el caso de botellas no espumantes, es importante mantenerlas en posición horizontal. Esto asegura que el vino permanezca en contacto con el corcho, manteniéndolo húmedo y evitando la entrada de oxígeno que podría oxidar el vino.
En cuanto a la temperatura, es esencial mantenerla constante entre 10 y 14°C. Evitar cambios bruscos de temperatura ayuda a preservar las cualidades organolépticas del vino con el tiempo.
Siguiendo estas y otras pautas que tenemos aquí es posible garantizar que el vino mantenga intactas sus características y ofrezca una experiencia de degustación óptima incluso después de largos períodos de conservación.
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