La bottarga, definida como el "caviar del Mediterráneo", es un producto de excelencia de la gastronomía italiana con una historia milenaria.
Sus orígenes se remontan a la época fenicia, cuando las poblaciones costeras conservaban las huevas de pescado en sal para preservarlas.
Los fenicios, que llegaron a las costas de la actual Cerdeña, compartieron con las poblaciones nurágicas los secretos de esta delicadeza.
Es gracias a los árabes, que la definían battarikh (huevas de pescado saladas), que la bottarga debe su nombre y también su gran difusión.
La bottarga es un alimento ictiológico extraído de las huevas de mújol o de atún, saladas y secadas. Su consistencia es compacta, su color ámbar la hace inconfundible. El sabor es intenso y decidido, con notas marinas y sabrosas.
Existen dos variedades principales de bottarga: de mújol y de atún. La de mújol es la más preciada, de un color ámbar y con un sabor más delicado, mientras que la bottarga de atún (aquí encuentras la bottarga de atún rojo) se caracteriza por un color más oscuro y un sabor más intenso.
Existen otras variedades de bottarga, aún más preciadas: de chicharro, pez espada y sardinas, que sin embargo son difíciles de encontrar.
La bottarga (aquí encuentras la bottarga para la compra) es un ingrediente versátil que puede ser utilizado de diversas maneras, siendo la más común rallarla sobre platos de pasta, como espaguetis o risottos, para aportar su inconfundible sabor salado.
Alternativamente se puede cortar en rodajas finas y servirla como aperitivo sobre tostadas de pan, se puede utilizar en ensaladas en contraste con partes dulces, o también acompañar sabores menos intensos en tartas saladas.
La bottarga es un ingrediente perfecto para enriquecer muchos platos con un toque gourmet.
La elaboración de la bottarga es un arte transmitido de generación en generación, que requiere tiempo, paciencia y maestría.
1. Primero las huevas de pescado son seleccionadas cuidadosamente, lavadas y saladas a mano.
2. A continuación, sigue un período de secado, que puede llevarse a cabo al sol o en deshidratadores apropiados, durante el cual el producto pierde agua y concentra su inconfundible sabor. La bottarga de mújol requiere aproximadamente 20 días de secado, mientras que la de atún puede llegar hasta 40 días.
La bottarga se conserva en refrigeración durante varios meses. Es importante conservarla en un recipiente hermético para evitar que se seque; lo ideal sería al vacío.
Le recomendamos que disfrute
✔ ¡Ha añadido el producto a su carrito!